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sábado, 14 de abril de 2012


Emprendedor creativo.


Invitado por la Generalitat de Catalunya, asistí a un coloquio sobre emprendedores en Barcelona. El acto resultó ser de lo más interesante y se plantearon cuestiones sobre varios aspectos del mundo de la empresa, de los que siempre me gusta hablar con pasión.

Pero hubo una intervención por parte de una persona del público que tuvo, y tiene para mí, su miga
.
Aquella persona se presentó, y nos explicó su último proyecto, relacionado con la telefonía móvil. El proyecto llevaba un tiempo funcionando en nuestro país y estaba negociando su implantación en EEUU.  Al final se autodefinió como Emprendedor Creativo.

El hombre no quería saber nada de escrituras, impuestos, contratos, relaciones con bancos, etc. Él, según nos iba explicando, vivía para generar ideas de negocio, y sólo la idea,  de cualquier índole y en cualquier mercado.  Observaba el mundo e intentaba descubrir las oportunidades que hay en él.  Era lo que le gustaba y, según confesó, tenía cierto éxito. Pero no quería saber nada de las demás habilidades que todo emprendedor debería tener.

Tenía claro, muy claro, que las ideas que generaba, si al final se llevaban a cabo era por que, lo que podríamos definir cómo un Emprendedor Ejecutivo, se ponía al frente. O sea, empezaba el proyecto sabiendo que debería ceder una parte importante de los posibles beneficios que su idea generara. Y eso no le importaba.

Siempre he dicho que, a la hora de emprender, debes de ser consciente de tus debilidades y ceder una parte de tu proyecto para reforzar esos puntos débiles. Nuestro amigo lo hace al pie de la letra. 

¿Cuántos proyectos fracasan por las debilidades inconscientes?

Por lo tanto, deberíamos identificar qué tipo de Emprendedor somos, para reforzar la viabilidad de cualquier proyecto. Cuales son nuestras debilidades y, sobre todo, preguntarnos si estamos dispuestos a ceder dinero, poder de decisión, responsabilidad, etc., a terceros.

A parte de todo esto, veo que últimamente ha aparecido otra clase de emprendedor (seguro que podríamos identificar muchas más). 
No es ni creativo ni ejecutivo. Es el Emprendedor Teórico. Lo podríamos definir cómo el emprendedor que no emprende, pero que ha estudiado todo lo que se puede estudiar para llevar una empresa de cero a cien.
De esta clase de emprendedor hablaremos otro día.

martes, 10 de abril de 2012


¿Vivir con preguntas?

Hace unos años asistí, en San Francisco,  a un seminario sobre habilidades directivas y emprendimiento impartido por Fernando Flores, ministro de economía en el gobierno de Salvador Allende en Chile. Fernando, después del golpe y tras tres años de cárcel se exilió en California y se convirtió en un especialista en biología del conocimiento y en un exitoso gurú empresarial un tiempo después, para acabar de nuevo en la política chilena como senador.

En aquel seminario asistimos emprendedores de varias nacionalidades, especialmente chilenos y españoles.

Al final de una de las jornadas, nos juntamos con varios de los emprendedores de chile y nos fuimos a cenar a China Town. Cuando volvíamos al hotel, uno de los chilenos, no recuerdo el nombre, me dijo algo que, (en aquél momento no), me marcó para siempre.

“El problema de los españoles es que viven con respuestas en vez de vivir con preguntas”.

Por supuesto, y como buen español (por lo de las respuestas), pensé que estaba loco. Pero la frasecita caló en mí profundamente.
Pensando en ella me dí cuenta de que mi amigo chileno tenía mucha razón. Y para demostrarlo os animo a observar vuestro entorno.

Es verdad, todo el mundo tiene respuesta para todo.

Para lo que sabe, y para lo que no sabe. Y sobre todo, para justificar lo que va aconteciendo, por voluntad propia o no, a todos los niveles.
Cuando compartes una idea, un proyecto, un anhelo o lo que sea, la gente tiene mil respuestas para justificar, sobre todo, por qué no funcionará. Y normalmente fundadas en la nada. (¿Cómo van a estar correctamente fundadas sin pregunta previa?)
El tiempo me ha enseñado que, efectivamente, vivir con respuestas es, normalmente, un problema grave.

Entonces.. ¿Es mejor vivir con preguntas?

Indiscutiblemente SI.
Las preguntas nos ayudan a encontrar el camino, no sólo en el mundo de los negocios, también en todo lo demás.

¿Por qué quiero hacer esto?
¿Qué tengo que hacer para que pase?
¿Qué oferta soy para el mercado?
¿Por qué me van a comprar a mí y no a otros?
¿Por qué dices eso?

Estas son algunas de las preguntas que me hago continuamente. Con las que vivo. Hay muchísimas más, pero estas especialmente me ayudan en los proyectos, y son preguntas que obligo a  hacerse a la gente que me pide ayuda en el mundo de la empresa.

¿Cuántos proyectos no acabarían fracasando si  nacieran en un entorno de preguntas?


martes, 3 de abril de 2012


Fracaso...

Debe de ser que la palabreja duele. Nadie quiere hablar de él y si las cosas han salido mal, menos.

Me he propuesto hablar con los que fracasaron.

Para saber, de primera mano, por qué creen ell@s que pasó. Y cómo ha afectado a sus vidas. Si han conseguido levantarse, o si siguen autoarrinconados. Si están pensando en volver a emprender, o si prefieren, después de los hematomas en el alma, hacerse funcionarios y a tomar viento todo.

Les preguntaré si ya han descubierto a los verdaderos amigos, aquellos que no desertaron y que estuvieron, están, ahí. Seguro que serán muy pocos, casi ninguno.

Les preguntaré si siguen siendo el “cuñao, hermano, amigo, colega empresario”,  o si ya han llegado a la parte en que la gente cercana mira para otro lado. Ya no molan. Seguramente,  casi seguro, percibirán la indiferencia cuando hablen de nuevos proyectos, también la incredulidad.

Les preguntaré si ya han visto las risillas de los que se alegran de que la cosa saliera mal.

Les preguntaré si ya han vivido la incomprensión de los más cercanos, de los más íntimos. (¿Por qué no me entienden?).

Les preguntaré si no hubiesen preferido nacer “más tontos”, sin inquietudes especiales, sin ilusiones más allá, y sin ese gen revoltoso que hace que veas oportunidades de negocio mires donde mires.

Les preguntaré, además, si saben que en algunos países fracasar es casi un mérito, una experiencia necesaria para mejorar,  que no supone un estigma. Y si saben que entre esos países no está el nuestro.

Y les diré que su experiencia sirve para que mejoren ellos, y para ayudar a otros. Que si sabemos las verdaderas causas de la mortandad de los proyectos, sabremos si los apoyos son correctos.

Así que… ¡¡Cuéntame tu historia!! (Si te atreves envíame un email)

jueves, 29 de marzo de 2012

¿Hablamos de fracaso?


A través de las redes sociales sigo a varias personas que hablan sobre emprendedores y emprendimiento. Aconsejan en los primeros pasos de un proyecto. Desde la idea, incluso su generación, hasta esos primeros pasos, tan importantes para el éxito de cualquier aventura. La verdad es que algunos me gustan y otros no tanto. Leí en algún  twitt que en la época que estamos viviendo, aparecen consejos y consejeros para emprendedores como rosquillas. Es verdad que ahora la palabra "Emprendedor" está de moda, y que florecen recursos, unos más reales que otros, para poner empresas en marcha de cualquier envergadura, sobre todo micro empresas. Miro, miro y remiro. Leo, leo y releo. Artículos interesantísimos. Descubro cada día temas, que desconocía, a los que veo, e intuyo, extraordinaria efectividad. Otros son viejos, o mejor dicho, son los de siempre. Los hay, incluso, que reinterpretan la realidad modernizando el nombre conceptual, o poniéndoselo a prácticas que hemos hecho siempre, a la hora de tirar nuestros proyectos para adelante. Todo eso está bien. Muy bien. 
Pero hemos de reconocer que del fracaso se habla poco, muy poco, casi nada. Y el fracaso está ahí, puede pasar, y, de hecho pasa. Para evitarlo bastaría con aplicar todos los consejos para emprendedores que circulan por la red. Seguramente el éxito está asegurado si los sabemos aplicar. Pero, aún y así, fracasamos. Hay un factor que, a menudo, olvidamos. Y es que los proyectos, la empresas, son personas. Y son las personas las que fracasan, no los proyectos, a veces, de forma totalmente inexplicable. Y el fracaso mal llevado es algo que invade hasta la última célula de nuestro cuerpo. Nos afecta biológicamente, y, por supuesto, también, en nuestro entorno personal, afectivo y social. Y de eso nadie nos avisa cuando emprendemos.
Seguramente evitaríamos fracasar si supiéramos más de que va eso. Mi experiencia me dice que los proyectos fracasan porque el emprendedor, en un momento dado, desiste. ¿Por qué desiste?
Estoy seguro de que muchos de los que lean este blog han fracasado en alguna ocasión o fracasarán en el futuro. Entonces, si el fracaso es algo que está ahí, acechándonos a todos, ¿Por qué no hablar de él?
Aquí hablaremos del fracaso para fracasar menos. Para ayudar en el éxito.