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jueves, 9 de agosto de 2012

¿Desconectar?


Estás trabajando y te das un golpe. Una pequeña contusión sin importancia que te regala un hermoso cardenal. Seguramente ni te duele, pero el color morado en el lugar donde te golpeaste te recuerda el incidente.
Llegas a tu casa, después de un día de duro trabajo. Te das una ducha rápida y cuando te estás secando vuelves a ver de nuevo tu hermoso cardenal, que, como la flor de la amapola en un campo de trigo,  resalta entre la blancura de tu piel. Al verlo recuerdas el incidente sin importancia que has tenido en el trabajo, acabas de secarte y te olvidas, siempre y cuando nadie te toque ahí.
Después, con ropa cómoda, y, seguramente, rodeado de tu familia, te relajas.

¿Por qué cuento esto?

Oigo, cada vez más, a personas que, dicen, son capaces de desconectarse del trabajo al acabar la jornada. Que, por suerte, dejan todos los problemas que surgen, en su actividad laboral, aparcados en su puesto de trabajo en cuanto finalizan la jornada. Que llegan a casa y se olvidan de lo acontecido durante el día, y que, dicen, no dejan que su vida laboral se mezcle con su vida privada, con su intimidad, con su familia.

No puedo estar más en desacuerdo. Y no solo en desacuerdo, si no que afirmo rotundamente y con la mas absoluta solemnidad que eso es imposible.

¿Por qué es imposible?

La respuesta es muy sencilla. No tenemos un cuerpo para trabajar y otro para la vida privada. Cuando salimos del trabajo podemos colgar el mono de trabajo, pero no podemos colgar un cuerpo y coger otro. Perdone usted la evidencia, pero es que esto que es tan evidente para muchas personas no lo es. Y si no, vuelva a mirarse ese lindo cardenal del que hablaba al principio. Igual que ese cardenal se viene con nosotros a casa, también se vienen las consecuencias de los problemas que hemos tenido. Ojo, no digo que se vengan los problemas, que a veces también, digo que lo que nos llevamos a casa son las consecuencias y las cicatrices que dejan en nuestro cuerpo y en nuestra mente las amarguras, las irritaciones, los nervios, las taquicardias, los cabreos, la ansiedad, etc., que podemos sufrir en una jornada laboral. También de la serenidad, la satisfacción, el orgullo, la sonrisa que nos deja en nuestro cuerpo el éxito y el trabajo bien hecho. Nótese que no hablo de los problemas y de los éxitos en sí, si no de sus consecuencias en nuestro cuerpo.

¿Pero, y al revés? ¿Los problemas de casa nos los llevamos al trabajo?

Sin ninguna duda. Sobre todo porque nuestro cuerpo no sabe si está en el trabajo o en la intimidad de nuestra casa. Y, además, como diría Punset, ni le importa.

Han fracasado infinidad de empresas y proyectos por problemas en casa y han fracaso infinidad de familias y relaciones por problemas en el trabajo.

¿Qué hacer?

Ser conscientes de todo esto. De que es imposible desconectarse de los problemas en el trabajo y en nuestra vida privada.

Además, la pretendida “desconexión” no es la solución a los problemas. O sea, no los soluciona. Y, por lo tanto, esos problemas, por ínfimos que sean, siguen haciendo mella en nuestro cuerpo y en nuestra mente día tras día.

Por lo tanto, póngase manos a la obra, identifíquelos  y acabe con ellos.

Los de casa tienen prioridad, y más si son importantes.



jueves, 2 de agosto de 2012

¿Emprender a los 50?


 Estos días estoy asistiendo a un Taller de Coaching. Aunque es una disciplina que domino bastante, me gusta asistir como observador para seguir  aprendiendo y ver a otros profesionales en acción.

No me sorprende ver que la mayoría de asistentes son personas más o menos de mi edad, o sea, rondando el medio siglo de vida, o un poco más, como es mi caso. Para mí está claro que las personas que asisten a un taller como este, lo hacen porque tienen alguna preocupación. Aunque tal y cómo está todo, seguro que las preocupaciones son muchas.

Varios de los asistentes, de mi generación, están en el curso porque  se han quedado sin trabajo. Dicen que confían en encontrar pronto algo ya que, creen, que las empresas que buscan candidatos sabrán apreciar su amplia experiencia. Compruebo, además, que la mayoría de la gente de mi edad que es nueva en esto del paro piensa de forma similar.

¿Son unos ilusos?

Bueno, primero creo que son gente con esperanza, acostumbrados durante casi toda una vida a trabajar duro. Durante toda una vida  han acumulado esa experiencia que están seguros les servirá de arma contra el desequilibrio general que representa el quedarse sin trabajo. Esa experiencia es la que les genera esa esperanza.

Entonces les explico el experimento que llevo tiempo haciendo.

Tengo varios perfiles en buscadores de trabajo. Con ellos me doy de alta en ofertas de empleo de varios sectores, sobre todo el comercial, modificando el currículum para adecuarlo, más o menos, a las ofertas que van saliendo. Lo único que no modifico es la edad, pero dependiendo del trabajo, pongo unos estudios u otros. Lo mismo hago con la experiencia laboral. Incluso en alguna carta de presentación he puesto que estoy dispuesto a trabajar gratis uno, dos o tres meses. Y no tengo en cuenta el tipo de relación laboral que se propone. O sea, acepto relación laboral, comercial, autónomo dependiente, etc. En resumen, candidato ideal, con amplia experiencia, y con cincuenta años de edad.

¿Resultado del experimento?, una entrevista para ser comercial después de casi mil trescientos curriculums enviados. Por cierto, fui a la entrevista y no me ofrecieron el trabajo.

En resumen, las cincuentonas y los cincuentones lo tenemos claro. Cuando explico esto a cualquier persona de esa edad que busca trabajo, el desanimo fluye por su cuerpo. Y entonces dicen que si fueran más jóvenes montarían algún tipo de negocio, pero que son mayores para eso.

Yo a eso le llamo el síndrome de la edad equivocada. Que el mercado laboral no nos quiera, no quiere decir que, de pronto, no sirvamos para nada. Lo único que quiere decir es que los criterios de contratación de las empresas tienen más en cuenta la edad, que la experiencia. Por lo tanto sólo nos queda una vía. Emprender.

¿Emprender a los 50?. Claro, ¿dónde está el problema?, tienes la necesidad, la experiencia, seguramente los contactos necesarios, también el saber hacer y el saber estar, la serenidad suficiente para soportar los reveses (seguro que a estas alturas la vida nos ha dado uno cuantos), un sentido común a prueba de bombas, quizás hasta un poco de dinerito, probablemente menos responsabilidades urgentes que hace unos años y, por tanto, menos necesidad de dinero, y, total,  vaya como vaya el negocio, dentro de un ámbito de normalidad, en unos pocos años, en los que hay que resistir como sea,  nos jubilamos y que trabaje rita.

Amiga, amigo, si rondas los cincuenta, no te autodeseches, piensa en qué oferta eres para el mercado, y adelante!!

miércoles, 25 de julio de 2012

Ideas y Foros


En la última entrada comenté el tema de la emigración, latente en varios foros en los que participo. En esos mismos foros, hay otro tema que me llama mucho la atención.

Hay mucha gente que solicita ideas para montar algún negocio. La cosa está bien, porque se piden ideas, y, a la vez que estas, aparecen de inmediato experiencias directamente relacionadas con las propuestas. Digo que está bien, al menos a mí me lo parece, porque las ideas son evaluadas de inmediato. Además, aparecen foreros que cuentan su experiencia en el negocio que se propone.

Por supuesto, y cómo siempre pasa, hay más comentarios de gente que fracasó, o que no cumplió las expectativas esperadas, que comentarios de gente a las que les va bien.

Eso forma parte del estilo de nuestra comunidad. Casi siempre preferimos buscar las pegas, o, al menos, sacar la parte negativa a las propuestas e ideas de los demás, aunque no tengamos ni idea de lo que es, y, sobretodo, si hemos fracasado en ese mismo negocio, deseando que otro no pueda triunfar en él, y escondiendo los motivos del fracaso, que pueden ser muchos y variados, y, por supuesto, valiosos para quien está dispuesto a intentarlo.

Lo que me más me gusta de todo esto es que, ante la crisis galopante y las malas perspectivas para encontrar trabajo, la gente se mueve, y está dispuesta a arriesgarse y montar algún negocio para ganarse las garrofas. Eso es bueno.

Hay negocios que son un éxito para unos, y un fracaso para otros. Puedo decirlo de otra forma. Hay negocios que funcionan con unas personas, y con otras no. ¿Curioso?, no, normal. No todos somos iguales, afortunadamente, ni tenemos la misma educación, ni nos movemos en los mismos entornos, y por lo tanto la visión  para los negocios es diferente. También el punto de “rendición”. Se dice que “fracasas cuando te rindes”. Es cierto.

Volviendo a los foros, es evidente que ante una idea de negocio, por modesta que sea, son un medio muy interesante para hacer una primera aproximación a su viabilidad. Vale la pena exponerla y leer los comentarios de la gente. Seguro que habrá más de uno que se convertirá en una referencia importante para tomar la decisión de tirar adelante, o no, nuestra idea. Además, nos ayudará a reducir el riesgo de fracaso. 

miércoles, 18 de julio de 2012

Emigrar


Hace tiempo que veo en las noticias que los españoles están emigrando. Sobre todo la gente de entre 20 y 40 años (leo hoy).

También en algunos foros en los que participo, más como observador que otra cosa,  la gente joven sólo hace que hablar de “pirarse”. Algunos de los que ya están fuera son interrogados de forma exhaustiva sobre el devenir de su aventura, sobretodo, laboral. Por lo que explican, son gente muy preparada,  que habla algún idioma, y muchos, del sector de la hostelería. Sobre todo los que están ganándose las habichuelas por Asia.

Todos los que ya están fuera son inquisidoramente preguntados para saber de primera mano las posibilidades de los países de destino, o, mejor, qué país es el más adecuado para emigrar según la profesión o estudios de cada cual.

No me extraña.

La situación aquí pinta bastante negra. El gobierno, con la subida de impuestos y demás medidas no está poniendo las cosas fáciles ni a los empresarios, ni a los emprendedores, ni a la gente que necesita trabajo, que es mucha. Está claro que, como dice un amigo mío, después de la tormenta siempre viene la calma. Pero esta tormenta es, no cabe la menor duda, a largo plazo. Y la gente tiene derecho a emprender las acciones que crea oportunas para ganarse la vida, y labrarse un futuro, por lo que busca entornos más propicios.

Lo de emigrar para el español no es nuevo, como todo el mundo sabe. Y han sido varias las épocas en las que nos tocó buscar y descubrir nuevos mundos. Las situaciones de cada uno de esos momentos fueron provocadas por diversas y diferentes causas, pero la motivación de la gente para emigrar siempre fue, y sigue siendo, la misma. El derecho a una vida mejor. Es universal. Por lo tanto, todos los pueblos emigran por la misma razón. Los españoles también.

No quiero entrar en si la emigración es buena o mala para un país. Pero tengo claro que la persona que emigra de cualquier país del mundo a otro país que no es el suyo, sean en las circunstancias que sean, es un verdadero emprendedor. Un emprendedor valioso.

También lo es la gente que arriesga su vida en una patera, en los bajos de un camión, o que duerme en un parque a la caza de una oportunidad para prosperar. Para ellos pido respeto. El mismo respeto que espero que encuentren nuestros jóvenes allá dónde los lleve el destino.   

lunes, 9 de julio de 2012

EBAY


Soy usuario de eBay. Principalmente como comprador. No soy un tremendo comprador, pero voy haciendo. Es una plataforma a la que acudo ante la oportunidad que me brinda de comprar en, prácticamente, todo el mundo.

Una de mis últimas compras ha sido un recambio para el coche, que encontré en Tailandia a menos de la mitad de precio que aquí. También he comprado un walkie talkie en Hong Kong, ha precio irrisorio, aún pagando las tasas de aduanas, y de calidad razonable.

Mi hermano mayor, cuyo hobbie es reconstruir coches históricos, también hace uso de eBay de forma habitual, comprando recambio nuevo o usado por toda Europa, principalmente en el Reino Unido. Y de forma totalmente satisfactoria como yo.

La plataforma funciona, por lo menos basándome en mi experiencia.

Creo que una de las razones por la que funciona bien es el hecho de que, tanto vendedor como comprador, se califican el uno al otro una vez finalizada la transacción. Tremendo acierto.

Cuando he comprado algún artículo, compruebo, con satisfacción, cómo en el primer mensaje del vendedor, aparece un párrafo en el que dice que quiere ser calificado con cinco estrellas (el modo de calificar en la página va de una a cinco), y que si a la recepción del producto hay algún problema, que contacte con él antes de calificar  de forma negativa la transacción. Por supuesto, esto se hace para que la reputación del vendedor sea positiva, que es la única manera de vender mucho y bien en un entorno muy competitivo. Por lo tanto, cómo siempre, la confianza a la hora de la compra y la venta se basa en la reputación de los intervinientes. Como comprador me interesa tener buena reputación (pago rápido, comunicación, etc.) para que me vendan, y como vendedor me interesa tener la mejor reputación (comunicación, producto, envío, etc.) para generar confianza y que la gente me compre.

Pero ¿este sistema se la inventado eBay? No, este sistema es el que funciona desde tiempos inmemoriales, desde que existe el comercio.

Como compradores y vendedores que somos, siempre evaluamos las transacciones que hacemos. El resultado de esas evaluaciones nos genera confianza en caso positivo y desconfianza en caso negativo. O sea, según cómo resulten seguimos comprando (o vendiendo).

Con todo esto quiero decir que las evaluaciones públicas que vemos en eBay, y que nos generan la confianza suficiente para comprar, o la desconfianza para descartar a ese vendedor, es una práctica que hacemos siempre. La diferencia es que como son tan evidentes, el vendedor en eBay está dispuesto a solucionar lo que sea con tal de que su reputación no sea negativa.

¿Por qué no hacemos lo mismo en los negocios de la calle? ¿Por qué, sabiendo que nuestra reputación es la que nos hace vender, no estamos dispuestos a solucionar los problemas que surgen día a día? ¿Es porque la reputación en los negocios no virtuales no es pública? ¿Por qué no entablamos relaciones sinceras con los clientes? ¿Por qué se vende gato por liebre?

martes, 26 de junio de 2012

El Bocadillo de Jamón


Le invito a que haga la prueba. Reúna a su gente, al equipo de su empresa, el equipo con el que quiere desarrollar su proyecto, etc. Pídale a cada miembro que, en una hoja y en secreto, describa su bocadillo de jamón ideal. Cuando acaben de escribirlo, pida que compartan en voz alta ese bocadillo ideal que han escrito.

Estoy seguro que serán muy pocos los que coincidirán en la descripción. Serán parecidas, unas más que otras, pero es raro que todo el mundo describa el mismo bocata.

O sea que, como habrá podido comprobar, cuando pensamos en un simple  bocadillo de jamón, no todos pensamos en lo mismo.  

En los proyectos y en las empresas pasa exactamente eso. Y lo digo por propia experiencia.
He estado en reuniones a las que la gente de una misma empresa, o de un mismo proyecto, llegaban con metas y objetivos distintos. Cuando lo he detectado, les he dado el mejor consejo que, creo, les podía dar, “aclárense entre ustedes y volvemos a hablar”.

Es imprescindible concretar y delimitar claramente los hitos, las metas y los objetivos. Los medios y los recursos, también las estrategias. Todo el mundo debe de hablar el mismo “idioma”, ejercer las mismas prácticas y entrenarlas. Y pensar en un solo tipo de bocadillo de jamón. O, cómo mínimo, pensar en el tipo de bocadillo que le gusta al equipo, el gusto colectivo, dejando la individualidad para otros menesteres. El equipo debe de adoptar las medidas necesarias para que todas las personas que lo integran unifiquen los criterios en todos los aspectos

Parece baladí decir esto, o hasta demasiado evidente. Pero es un problema real que hace que muchos proyectos se tambaleen.

Cuando ponga en marcha un proyecto en el que participa más gente, asegúrese de que todos hablan el mismo “idioma”. Y me refiero, entre otras cosas, a que todo el mundo conoce y entiende las promesas del proyecto, las condiciones de satisfacción del mismo, quién es el cliente y por qué.

lunes, 18 de junio de 2012

El timo de siempre


Los que me conocen ya saben de mi crítica continua y directa a los servicios institucionales de acompañamiento a emprendedores, de “generación” de conciencia emprendedora, y demás tinglados que se arman alrededor de todo esto. 

Y no viene de ahora. Hace unos años, siendo usuario de Barcelona Activa, (el servicio de promoción de emprendedores del ayuntamiento de Barcelona), ya me enfrentaba, junto con otros compañeros, a las autoridades del momento reclamando servicios sinceros, y de verdad. Digo sinceros, porque entonces, como ahora, no lo son. En realidad, y bajo mi humilde punto de vista, lo que se prioriza es la foto del político de turno, y el aprovechamiento de fondos europeos, o de otra índole, para que la foto sea lo más grande y preciosa posible.

Cuento todo esto porque acudí, acompañado por una persona con ganas de iniciar un proyecto,  al “BizBarcelona 2012, Soluciones para empresarios y emprendedores”, autodefinido como el salón del “asesoramiento, networking y financiación para impulsar tu empresa, negocio o proyecto empresarial”.

A parte de acompañar a esa persona, mi interés personal radicaba en poder hablar con algún inversor interesado en el sector industrial, en el que tengo un proyecto pendiente de parte de su financiación.

¿Y qué nos encontramos?

Lo primero, a los políticos, con bocas llenas de palabras rebosantes de  marketing (político, por supuesto), haciéndose miles de fotos, seguidos por una nube de periodistas y acólitos.

Lo segundo, un salón que parecía el salón de la franquicia (igual lo era), dónde las diferentes firmas ofrecían su producto.

Lo tercero, los stands de la instituciones públicas, locales y autonómicas, dónde no se ofrecía nada. Y digo nada porque lo que ofrecen está vacío de realidad. “Le ayudamos a hacer el plan de negocio”, decían, “y después a conseguir financiación de los bancos”, con la que está cayendo…

Lo cuarto, y más sorprendente, vino cuando me dirigí a la zona dónde estaban, supongo, los inversores. Al dirigirme al mostrador pregunto a la amable señorita “Tengo un proyecto industrial y quiero hablar con algún inversor que invierta en ese sector”. La amable señorita consulta unos horarios y me dice “de 13h a 14h estarán los inversores interesados en el sector industrial”, a lo que yo contesto “perfecto! Dónde me apunto?”, entonces la amable señorita me dice que para apuntarme debo de pagar CIENTO CINCUENTA EUROS. Esa cantidad me daba derecho a hablar con un inversor cinco minutos, explicarle el proyecto y ver si le puede interesar. Por supuesto, rechacé la oferta sabiendo que siempre he hablado con inversores, en su despacho, o en el mío, sin tener que pagar semejante peaje.

Por último, lo que me encontré fue mucha gente que, una vez comprobada la calidad del salón, se desilusionaba, se desconcertaba y se iba.

Cuando nos íbamos, mi acompañante me dijo “tengo la sensación que el interés real no son los emprendedores, si no el negocio que se genera a su alrededor”

Cuanta razón, pensé…..